La princesa destronada
La regia princesa ha sido destronada.
Embadurnada en desgracia y en agravios
consigue arrastrarse como un alma en pena
entre susurros de viento.
Conserva la corona resquebrajada
que ase con fuerza, cortando sus manos,
obstinada a no abrir el duro puño
para soltar su deshonra.
El pálido rostro, que antaño fue altivo,
se oculta tras un velo por la vergüenza
y garrapateando sus carnes magras
lleva trazos de su orgullo.
Una vez su corazón probó la gloria,
pero al caer de aquel pedestal precario
en el que por un milagro malvivía
se hizo añicos de hielo.
.
Vive ahora dominada por el miedo,
el miedo a que haya un más profundo abismo
esperándola con las fauces abiertas
para quitarle la nada que conserva.